lunes, 9 de septiembre de 2013



A.V.C.



1.   ¿Quiénes son estos “Alfaros”? ¿O quiénes eran? Y, así de golpe, nos trasladamos a uno de los núcleos de las interrogantes? ¿Son los mismos que eran? ¿No son los mismos? ¿Se han movido? ¿Adónde? ¿Adelante? ¿Atrás? O, lo que podría ser aun más importante, ¿a la izquierda, hacia una definición socialista que nunca antes tuvieron? ¿O hacia la derecha, hacia una aceptación de que el único camino hacia el futuro es un camino gradual, poco a poco, paso a paso, y no llegar de un solo salto desde el pasado hacia el futuro, como antes creyeron? Entonces, ¿qué es la izquierda, como sinónimo de la Utopía? ¿Es un camino, que se define por la consecuencia de la marcha o es el ritmo de caminar? ¿O es un sueño que no se define por nuestro camino hacia él, sino por la estructura interna y la solidez y coherencia de su forma de Utopía?

2.   O sea que, en otras palabras, ¿quiénes son estos “alfaros”? ¿Son una forma de acción? ¿O son una forma de Razón? ¿Cuál es la relación entre ambos conceptos? ¿Cuál antecede al otro? Como en el disparate del huevo y la gallina, ¿son necesarias las razones, antes de actuar, porque sólo así se legitima la acción? O, como decía Regis Debray, al referirse a Cuba, ¿es posible tener una táctica y, sólo como resultado de ella, extraer de esas acciones una estrategia? ¿Es lo mismo “estrategia” que “ideología”? Guardando el ejemplo de Cuba, si un navío cursa el mar y hace sonar sus sirenas para que lo sigan otros buques con el mismo destino y mantiene su bandera como señal de identidad y pertenencia, es claro que sirve como conductor y guía; pero, si ese mismo barco encalla en unos arrecifes imprevistos, pero mantiene en alto su bandera y encendidas sus luces, sin arriar sus pendones, ¿puede seguir siendo considerado la guía para los demás; O, transformado finalmente en faro de advertencia, sirve más como señal de los arrecifes a evitarse?


3.   Pero, en fin de cuentas, ¿quiénes son estos “alfaros”? Nunca adhirieron formalmente al “socialismo”, ni definieron así su meta; pero, incluso si lo hubieran hecho, ¿de cuál socialismo estaríamos hablando? ¿Del “socialismo” del siglo 19, al que Engels bautizó como “científico”? ¿O sea que estos “alfaros” sólo eran los mismos comunistas, pero con otros nombres? ¿O es mejor enmarcarlos en el “socialismo” del siglo 20, que comenzó triunfante y terminó en vergüenza? ¿O en el “socialismo” del siglo 21, que aún no sabemos lo que será, aunque ya sabemos que será distinto?

4.   Porque ese “socialismo”, no “del siglo 21” sino “para el siglo 21”, recién ahora se está haciendo, o recién ahora se está pensando, porque una de las cosas que tiene que resolver es si ya existe en la idea, antes de la acción que lo realizará o lo que existen son unas cuantas acciones que luego llegarán a algún sitio y sólo entonces comprenderán lo que han hecho y recién entonces adquirirán un nombre.


5.   ¿Son eso estos “alfaros”? ¿Fueron unos adelantados del siglo 21, que se metieron –medio siglo antes– en el 20? Como nuncios del futuro que advendría y legatarios de un pasado que no deseaban, igualito que Alfaro –el original, el viejo don Eloy– había hecho con el siglo 20, que todavía estaba por nacer cuando él comenzó su lucha. Igualito que hicieron sus hermanos de otras latitudes: los hermanos colombianos del M-19, o aquellos magníficos barbudos del 26 de julio, audaces hasta la demencia, o los hermanos Tupamaros, de Uruguay, o los hermanos Montoneros, de Argentina.

6.   ¿O sea que estos “alfaros” se definen por el Viejo don Eloy, y que por eso fue legítimo llevarse sus espadas, porque no pertenecían en un museo de cosas muertas, sino en las calles y las plazas de las cosas vivas? Pero ahora las entregaron. ¿O sea que esto fue todo? ¿Aquí terminó el sueño? ¿O sea que Eloy Alfaro sólo sirvió para llegar a Rafael Correa?
7.   ¿Eso es lo que son estos “alfaros”? ¿Portadores de una antorcha que ya ha llegado a su destino?
8.   Claro que no. Su lección y su herencia siguen vivos. Y ya no hay dudas sobre la primacía de la acción o la razón. Las dos pueden estar juntas, deben estar juntas, como siempre lo estuvieron en la mente y en el corazón de Arturo Jarrín. Porque la Utopía no tiene punto de llegada, sino sólo etapas, tambos en la mitad del camino. Porque el “socialismo”, o como quiera que se llame al final, será el resultado de lo que hagamos con él y lo que pensemos en él y lo que nos equivoquemos en él y lo que corrijamos después.

Al cumplirse un año más de la partida de Arturo Jarrín Jarrín, hermano y maestro, juremos con nuestro áspero y ronco juramento de ateos, que no detendremos la marcha que tú iniciaste y que continuaremos la lucha por la Gran Utopía.

                                                                                Pedro Saad Herrería

No hay comentarios:

Publicar un comentario