A.V.C.
1. ¿Quiénes son estos “Alfaros”? ¿O
quiénes eran? Y, así de golpe, nos trasladamos a uno de los núcleos de las
interrogantes? ¿Son los mismos que eran? ¿No son los mismos? ¿Se han movido?
¿Adónde? ¿Adelante? ¿Atrás? O, lo que podría ser aun más importante, ¿a la
izquierda, hacia una definición socialista que nunca antes tuvieron? ¿O hacia
la derecha, hacia una aceptación de que el único camino hacia el futuro es un
camino gradual, poco a poco, paso a paso, y no llegar de un solo salto desde el
pasado hacia el futuro, como antes creyeron? Entonces, ¿qué es la izquierda,
como sinónimo de la Utopía? ¿Es un camino, que se define por la consecuencia de
la marcha o es el ritmo de caminar? ¿O es un sueño que no se define por nuestro
camino hacia él, sino por la estructura interna y la solidez y coherencia de su
forma de Utopía?
2. O sea que, en otras palabras, ¿quiénes
son estos “alfaros”? ¿Son una forma de acción? ¿O son una forma de Razón? ¿Cuál
es la relación entre ambos conceptos? ¿Cuál antecede al otro? Como en el
disparate del huevo y la gallina, ¿son necesarias las razones, antes de actuar,
porque sólo así se legitima la acción? O, como decía Regis Debray, al referirse
a Cuba, ¿es posible tener una táctica y, sólo como resultado de ella, extraer
de esas acciones una estrategia? ¿Es lo mismo “estrategia” que “ideología”?
Guardando el ejemplo de Cuba, si un navío cursa el mar y hace sonar sus sirenas
para que lo sigan otros buques con el mismo destino y mantiene su bandera como
señal de identidad y pertenencia, es claro que sirve como conductor y guía;
pero, si ese mismo barco encalla en unos arrecifes imprevistos, pero mantiene
en alto su bandera y encendidas sus luces, sin arriar sus pendones, ¿puede
seguir siendo considerado la guía para los demás; O, transformado finalmente en
faro de advertencia, sirve más como señal de los arrecifes a evitarse?
3. Pero, en fin de cuentas, ¿quiénes son
estos “alfaros”? Nunca adhirieron formalmente al “socialismo”, ni definieron
así su meta; pero, incluso si lo hubieran hecho, ¿de cuál socialismo estaríamos
hablando? ¿Del “socialismo” del siglo 19, al que Engels bautizó como
“científico”? ¿O sea que estos “alfaros” sólo eran los mismos comunistas, pero
con otros nombres? ¿O es mejor enmarcarlos en el “socialismo” del siglo 20, que
comenzó triunfante y terminó en vergüenza? ¿O en el “socialismo” del siglo 21,
que aún no sabemos lo que será, aunque ya sabemos que será distinto?
4. Porque ese “socialismo”, no “del siglo
21” sino “para el siglo 21”, recién ahora se está haciendo, o recién ahora se
está pensando, porque una de las cosas que tiene que resolver es si ya existe
en la idea, antes de la acción que lo realizará o lo que existen son unas
cuantas acciones que luego llegarán a algún sitio y sólo entonces comprenderán
lo que han hecho y recién entonces adquirirán un nombre.
5. ¿Son eso estos “alfaros”? ¿Fueron unos
adelantados del siglo 21, que se metieron –medio siglo antes– en el 20? Como
nuncios del futuro que advendría y legatarios de un pasado que no deseaban,
igualito que Alfaro –el original, el viejo don Eloy– había hecho con el siglo
20, que todavía estaba por nacer cuando él comenzó su lucha. Igualito que
hicieron sus hermanos de otras latitudes: los hermanos colombianos del M-19, o
aquellos magníficos barbudos del 26 de julio, audaces hasta la demencia, o los
hermanos Tupamaros, de Uruguay, o los hermanos Montoneros, de Argentina.
6. ¿O sea que estos “alfaros” se definen
por el Viejo don Eloy, y que por eso fue legítimo llevarse sus espadas, porque
no pertenecían en un museo de cosas muertas, sino en las calles y las plazas de
las cosas vivas? Pero ahora las entregaron. ¿O sea que esto fue todo? ¿Aquí
terminó el sueño? ¿O sea que Eloy Alfaro sólo sirvió para llegar a Rafael
Correa?
7. ¿Eso es lo que son estos “alfaros”?
¿Portadores de una antorcha que ya ha llegado a su destino?
8. Claro que no. Su lección y su herencia
siguen vivos. Y ya no hay dudas sobre la primacía de la acción o la razón. Las
dos pueden estar juntas, deben estar juntas, como siempre lo estuvieron en la
mente y en el corazón de Arturo Jarrín. Porque la Utopía no tiene punto de
llegada, sino sólo etapas, tambos en la mitad del camino. Porque el
“socialismo”, o como quiera que se llame al final, será el resultado de lo que
hagamos con él y lo que pensemos en él y lo que nos equivoquemos en él y lo que
corrijamos después.
Pedro Saad Herrería